Este jueves 2 de julio, la búsqueda de Lucas Gámez, el niño argentino de 8 años hijo de venezolanos y que se encuentra tapiado tras los devastadores terremotos que azotaron a Venezuela, ha entrado en una fase crítica.
Los equipos de rescate intensifican sus esfuerzos a contrarreloj entre los escombros de la estructura colapsada, en un intento desesperado por hallar al menor con vida.
Cooperación internacional en la zona de desastre
A las complejas tareas de remoción de escombros y salvamento se han sumado efectivos de la Policía Federal y militares argentinos. Este contingente trabaja en estrecha coordinación y de forma conjunta con los brigadistas y cuerpos de emergencia venezolanos instalados en la zona afectada, unificando recursos y experiencia ante la magnitud de la catástrofe.
«El edificio quedó prácticamente en ruinas», señaló con angustia Marcos Gámez, padre del menor.
Al momento del primer y segundo terremoto Lucas se encontraba de visita en el apartamento de un tía.
Espera desgarradora y tecnología de punta
En las inmediaciones del edificio colapsado, Marcos Gámez y Blancalinda Martínez Coronado, padres de Lucas, permanecen en una vigilia permanente a la espera de noticias que traigan alivio a la familia.
A pesar de la gravedad del escenario, existen indicios que encienden la esperanza:
Señales de vida: Los rescatistas lograron detectar calor corporal en uno de los sectores colapsados.
Rastros tecnológicos: Se han geolocalizado señales del teléfono celular que llevaba el pequeño Lucas.
Equipamiento avanzado: Para avanzar sin provocar nuevos derrumbes, los especialistas están utilizando cámaras de tecnología 360° capaces de introducirse en espacios extremadamente reducidos y de difícil acceso.
Las próximas horas serán determinantes para los equipos de rescate, quienes concentran toda su tecnología y esfuerzo humano en el punto exacto donde se detectaron las señales de vida.



















